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domingo 22 de enero de 2012

Natalicio de Antonio Gramsci (22 de enero de 1891)

Gramsci es, sin lugar a dudas, uno de los más destacados marxistas revolucionarios de todos los tiempos, defensor del leninismo en su primera hora, partidario del bolchevismo y de la Revolución de Octubre, y pre-claro intelectual “orgánico” de la clase obrera, sistematizador de su doctrina y de la necesidad del Partido Comunista con centralismo democrático. 

Las nubes revisionistas y ultra-izquierdistas que han intentado emborronar su memoria tienen mucho que ver con la historia del Partido Comunista Italiano y del Movimiento Comunista Internacional. 

Proveniente de una familia de la pequeña burguesía empobrecida de la isla de Cerdeña, se traslada a Turín, ciudad representativa de la burguesía industrial del norte de Italia. Allí se afilia al Partido Socialista, toma conciencia de la amenaza fascista, y se posiciona por la “neutralidad activa” en la I Guerra Mundial, junto con el resto de las izquierdas de los Partidos Socialistas europeos (que realizaron una conferencia internacional en la ciudad suiza de Zimmerwald, donde se opusieron a la guerra mundial –entonces, apoyada por la II Internacional- y abogaron por la paz y la no-colaboración de clase con el imperialismo).
La crisis bélica fue aprovechada por los bolcheviques rusos (mayoría del Partido Socialista de ese país) para derribar el Gobierno directo de la burguesía, que acababa de instaurarse, e iniciar una revolución socialista proletaria.

Gramsci, como otros muchos socialistas revolucionarios, saludaron la victoria de la revolución proletaria en Rusia, y se mostró partidario de la nueva Internacional Comunista que se creaba a continuación, como consecuencia de la bancarrota de la Internacional Socialista previa.

El Partido Socialista Italiano, como otros Partidos Socialistas, entre ellos el español, pidió la adhesión a la nueva Internacional. Si bien, en un principio, estos partidos socialistas se movieron a favor de la Internacional Socialista, la lucha de clases abierta en un seno, que no era más que un eco de la propia bancarrota de la Internacional Socialista, hacía muy difícil la convivencia de marxistas revolucionarios y revisionistas en un mismo partido, por lo que, finalmente, los partidarios de la Internacional Comunista terminaron por salirse del Partido Socialista y fundar el Partido Comunista Italiano.

Pero, en estos primeros años, en que el ideario, la doctrina y formación orgánica del PC se forjaba, enfrentado al fascismo y al imperialismo, se trataba de un nuevo reto perfilar la línea política soberana del PC, su política de alianzas, su frente anti-fascista y su lucha revolucionaria por el poder política para la clase obrera. 


Gramsci, filólogo de profesión, enfrentó todas estas disyuntivas tanto en el terreno de la teoría como de la práctica, convirtiéndose en un “leninista” convencido y consecuente Gramsci “bautizó” la filosofía del marxismo, como “filosofía de la práctica”, cuando todavía la propia doctrina del materialismo histórico y dialéctica estaba sujeta a controversia, no se conocían algunos de sus textos fundamentales y no se había sistematizado toda su historia.

Particularmente, era mucho más controvertida tanto en los medios de comunicación como en los medios intelectuales la Revolución de Octubre, y mucho mayor el desconocimiento en torno a Lenin y a su obra teórico-práctica.

Sin embargo, al igual que Lenin lograba rescatar a Marx del adocenamiento al que lo había condenado la socialdemocracia alemana, haciéndolo sencillo y claro a la hora de educar a la clase obrera. Gramsci lograba rescatar el hilo rojo de la práctica marxista revolucionaria de Lenin, a la luz de los acontecimientos de Rusia y de los propios acontecimientos italianos, haciéndolo fácilmente accesible al proletariado italiano que se acercaba a los medios de difusión del PC y que asistía a sus escuelas políticas.

En ese sentido, el alcance teórico y práctico, en cuanto a la sistematización de la doctrina de Gramsci para Europa Occidental sólo puede ser comparado con Georges Politzer. Un nuevo aspecto controversial sería establecer hasta que punto Rosa Luxemburgo, cofundadora del Partido Comunista en Alemania, sigue la estela del marxismo-leninismo naciente en Europa Occidental, y hasta qué punto se deja influir por mistificaciones izquierdistas en lo que a la práctica política de la clase obrera se refiere.


En el nacimiento del Partido Comunista en Europa, hubo leninistas consecuentes y otros que no lo eran… Como decimos, pesaba la confusa asimilación de las experiencias revolucionarias del bolchevismo, pesaba la propia historia de los partidos socialistas precedentes, y pesaba la formidable campaña anti-marxista y anti-comunista que la burguesía y la reacción habían desatado.

Por lo tanto, en los nuevos Partidos Comunistas se reprodujo la lucha de líneas que se había producido en los Partidos Socialistas que, en muchos sentidos, no era más que la prolongación de viejos debates… En ese sentido, de la dirección de Partidos Comunistas como el italiano o el español se apoderó una corriente izquierdistas o ultra-izquierdistas que, muchas veces, obedecía a la propia inmadurez del partido y sus dirigentes. En el caso del italiano, la lucha de líneas se estableció entre Bordiga y Gramsci, que pasó a ocupar una posición de “minoría” (una minoría mayoritaria entre la clase obrera).

Con el tiempo, Bordiga en Italia como Trotsky en Rusia terminarían siendo desplazados de los órganos de dirección del Partido, desechándose sus políticas.

Al hablar de las dificultades para la recepción y sistematización de la doctrina comunista, habría que hablar de las propias dificultades de Gramsci para realizar su trabajo teórico y práctico, fruto de su origen social y de los propios condicionantes que envolvían al Partido Comunista en Italia. Al acabar en la cárcel, tras hacerse el fascismo con todo el aparato del Estado, Gramsci solicitó que se le permitiera escribir, lo que finalmente consiguió, pero sus escritos tuvieron que pasar por la lupa del censor, de ahí que muchas veces le resultara difícil escribir y hacer entendibles sus planteamientos. Pero, en estas notas de la cárcel, queda claro, sin ningún género de dudas, su posicionamiento a favor de la dirigencia soviética tras muerte de Lenin, a favor de la tesis del “socialismo en un solo país”, que el ultra-izquierdismo rechazó… en esas notas, Gramsci despliega su talento para analizar el marxismo en todo su movimiento histórico, su formación en Italia, como contrapunto al pensamiento burgués, y la dañina influencia que en el marxismo europeo ejerció la social-democracia alemana, particularmente entre los dirigentes rusos, abocados al exilio durante el zarismo, y que luego serían los encargados de organizar el partido obrero y poner las bases del nuevo Estado socialista.


Unas últimas notas, para terminar, sobre la recepción de la obra de Gramsci en España. La obra de Gramsci vivió su “descubrimiento” con el resto de obras de los pensadores fundamentales del marxismo-leninismo. La controversia que se gestó en torno a su obra sólo puede ser comparada a la controversia que se gestó en torno a la obra del Che Guevara (cuyas vidas fueron igualmente intrincadas y contradictorias): Se debatía si debía estudiarse cronológicamente o no, si valía el Gramsci que reivindicaba el PCI de postguerra o el Gramsci reivindicado por el “autonomismo obrero”… A todo esto, el PSUC en España ejerció una particular instrumentalización de la obra y figura de Gramsci, Cristianos por el Socialismo, el “marxismo humanista”, en definitiva, con Gramsci, para bien o para mal, se cebaron todos los vientos de doctrina que corrieron por Europa Occidental en los años 60 y 70; hasta el punto de que Gramsci se convirtió en un índice para saber si nos acercábamos al, o nos alejábamos del, leninismo. Pero de esto no tiene la culpa Gramsci, como tampoco tiene la culpa Marx de que su teoría fuera apropiada por el Partido Social-Demócrata alemán, como no tiene la culpa Engels de que, tras su muerte, se hablara de “los dos Marx”. De esto no tienen la culpa los grandes del marxismo, de Marx a Mao, entre los que incluiríamos a Gramsci, a José Carlos Mariátegui y al Che Guevara.


La obra de Gramsci es esencial para entender al marxismo-leninismo en su gestación y desarrollo, para entender la historia del marxismo italiano, para entender la política de la Internacional Comunista, los Frentes Populares y al movimiento obrero comunista. La obra de Gramsci es esencial para entender al Partido Comunista Italiano, en su devenir, en su desarrollo y en lo que tiene que ser su futuro, más allá de las siglas.

¡¡VIVA LA REVOLUCIÓN ÁRABE SOCIALISTA!!

Honor a los mártires Gamal Nasser, Saddam Hussein y Muammar Gaddafi

Muerte a los nuevos cruzados y a sus colaboradores

Viva la Unidad Popular Árabe

Viva la Unidad Popular Antimperialista